Lagrimas de Barro




Eres la madre Tierra, nuestra madre, la de todos, la que nos hizo y, algún día, nos deshará.

Madre Tierra, de piel morena, como el polvo del aire que respiramos o la arena que bajo nuestros pies pisamos.

Son tus manos de la misma arcilla con la que nos moldeaste. Son tus ojos tan profundos como los secretos que aun guardas en tus eternos recovecos fecundos. Tus rasgos, llanuras y colinas; tu finura es nuestra bravura.

Madre Tierra: ¿Porque lloras lagrimas de barro?

Veo en tí el dorado del Sol y el naranja de la fruta, el amarillo de las cosechas y el rosa de un placido cielo vespertino, el rojo del coral y el azul de un oceano infinito.

Madre Tierra, si has de llorar, llora. Te comprendo. Nadie piensa en ti como antaño se hacía; nadie te respeta ni mira a los ojos; hemos perdido el contacto contigo.

Si continuas con tu intenso llanto, nadaremos primero en tus lagrimas, hasta que éstas transformen la tierra en arcilla. Entonces, nos hundiremos en la oscuridad del lodo hasta el fin de los días, y ya, innegablemente, no habrá marcha atrás.

Madre Tierra, no temas. Nos ahogaremos en tus lagrimas de barro, pero tú siempre sobrevivirás a la deriva, ahí, en mitad de la nada, tan insignificante para el Cosmos como significante lo fuiste para nosotros.

Madre Tierra, llora, continua llorando. Ojalá lográsemos aplacar tu llano antes de que sea demasiado tarde.

Ojalá  nuestros hijos puedan disfrutar de ti tanto como nosotros lo estamos haciendo.